Con el correr de las eras, los antiguos eruditos de El Taller Oculto, han ido almacenando en las diferentes estanterías de la biblioteca subterránea, tanto material escrito como les ha sido posible. Al entrar allí, el olor a cuero gastado que se desprende de las viejas cubiertas, impregna el aire y colma los sentidos al mezclarlo con el perfume de la madera, amalgama de esencias que a menudo son acompañados por el aroma a café recién hecho. Este, en forma de una humeante taza, es la compañía predilecta de quien esta a punto de enfrascarse en una extensa sesión de lectura.
Cada habitante de El Taller Oculto tiene su propio espacio de trabajo, más allá de los confines de la biblioteca. Un lugar en donde experimentar en solitud antes de que sus textos terminen acompañando al resto de libros en las estanterías.